¿Puede la vagina ser una herramienta de trabajo?

Por: Dra. Ingeborg Kraus

Traducción: Esther Ripa
Colaboración: Adriana Zaborskyj

Original:can the vagina be a work tool?

Discurso de la doctora Ingeborg Kraus en el evento Urania sobre “trabajo sexual” (la caída del mito). Berlín, 3 de diciembre de 2017.

Quiero agradecer a los organizadores, especialmente a Rachel Moran y Julie Bindel. El lanzamiento de este libro no hubiera sido posible sin ellas.

Si fuésemos afortunadas podríamos tener un gobierno antes de final de año. De momento, vemos a los políticos/as hablando entre ellos durante ocho semanas sin llegar a ningún resultado. Vemos políticos que se retiran ante cualquier discusión y luego oímos que se pasan noches completas discutiendo cómo enganchar a otros en sus discusiones. A mi me parece que no quieren hablar de los problemas de este país, pero sí sobre coaliciones electorales.

El presidente federal Frank Walter Steinmeier tiene razón cuando dice que las fuerzas políticas del país económicamente más fuerte de Europa no debe negarse a asumir una responsabilidad política. Todos los partidos están obligados a trabajar por el bien común. Ellos sirven a nuestro país y su responsabilidad está más allá de sus propios intereses.

En el campo del problema de la prostitución, ya pude prever esta crisis de la democracia alemana, que es visible para el mundo entero de un tiempo para acá. Las convenciones internacionales han sido ignoradas, la Carta de Nueva York a Angela Merkel en 2015 (firmada por 200 organizaciones) no fue respondida. Las peticiones no son aceptadas. Estos ejemplos muestran como el problema es completamente ignorado y cada vez un poco más.

¿A dónde nos llevó esto? Somos el prostíbulo de Europa y el gobierno alemán es el mayor proxeneta. En los próximos nueve minutos, me gustaría presentar los puntos que los políticos alemanes deberían haber seguido y de los que deberían haber hablado durante los últimos 19 años, en vez de haber estado constantemente diferenciando entre la prostitución forzada y la prostitución “voluntaria”.

  1. ¿Qué es una vagina?

Hay una objeción frente a legalizar la prostitución e incluso convertirla en una profesión como otra cualquiera: degrada a la vagina a una herramienta, la convierte en un objeto, en un instrumento que puede ser penetrado por 20, 30 hombres al día. ¿Esto es posible? ¿Puede una vagina ser reducida a tubo de aspiradora? Anatómicamente y psicológicamente esto no es posible. La vagina, y con ello me refiero a los órganos sexuales femeninos, no puede ser separada del cuerpo femenino. Por el contrario, es un órgano altamente sensible que está conectado con nuestro cerebro y con nuestro cuerpo entero. Es la parte más íntima de una mujer.

La decisión “voluntaria” de dedicarse a la prostitución requiere ciertas condiciones. Las mujeres prostituidas que acuden a mi consulta tienen todas ella una historia de protección insuficiente en su infancia lo cual les condujo a una auto-protección también insuficiente. Estas mujeres aprendieron pronto a desconectarse de sí mismas. Aquí, también encontramos innumerables estudios que muestran esta conexión entre experiencias de violencia en la infancia y prostitución.

Una Ministra de Igualdad también tiene la obligación de proteger a los y las ciudadanas. Si la protección en la familia falla, el estado no debe convertirse en cómplice de esos traumas. Un estado que tolera la degradación de la mujer a un objeto, un estado en el cual ocurre la explotación sexual, un estado en el cual la sumisión de la mujer es escenificada como una forma de erotismo, es un estado absolutamente misógino que contiene estructuras perpetradoras.

  1. El daño psicológico de la prostitución 

La Organización Mundial de la Salud (OMS), me solicitó que hablase sobre la salud psicológica de las mujeres prostituidas en Alemania en el Congreso Mundial de Salud Mental de las Mujeres, en Dublín. ¿Qué puedo decir? ¿Cómo es la salud mental de mujeres que son reducidas a trozos de carne? Estas mujeres están completamente destruidas. Una mujer que trabaja en un programa de salida para mujeres prostituidas me dijo que solamente unas pocas de ellas son capaces de abandonar la prostitución. Se quedan hasta que se colapsan físicamente. Y esto es solo cuestión de tiempo. Me pregunto por qué. Ellas permanecen en la prostitución porque su voluntad está rota. Ya no existen como personas con una identidad y un futuro. Estas mujeres no ven un futuro para ellas mismas, no tienen sueños ni proyecciones, carecen de una identidad fuera de la prostitución. Están reducidas a su construcción de prostitutas y no pueden encontrar vías de salida. Están atrapadas en su trauma y en su vergüenza.

Las mujeres jóvenes que llegan a Alemania están completamente abrumadas y completamente traumatizadas. Muchas de ellas piden psicotrópicos y drogas ilegales después de sus primeras experiencias. Ellas afirman que es imposible seguir en este negocio sin recurrir a ello.

Jana Koch-Krawach es una trabajadora social que trabaja con mujeres prostituidas en Wuppertal, una localidad obrera, donde llegan las mujeres que ya no pueden más, ellas son consideradas B-stock (productos devueltos por el cliente). Ella suele encontrar a mujeres completamente descuidadas que han perdido por completo el contacto consigo mismas. Reaccionan de forma aterrorizada o con total apatía. Parece obvio que ellas necesitan todo menos sexo. Pero además de esto están los puteros a quienes su situación les importa un bledo. Ellos se ríen y se lo pasan bien.

¿Cómo es esto posible? Hago la misma pregunta que Caroline Emcke hace en su libro “Gegen den Hass” (“Contra el odio”). Bueno, ¿cómo es posible no ver la adversidad de otras personas, pero en cambio ver solo las necesidades propias?

Es posible porque los hombres piensan que tienen “derecho” al sexo y a usar a las mujeres para ello. La mujer está encerrada en una imagen socialmente construida de “bestia sexual insaciable”. Se niegan sus demás necesidades. Está siendo deshumanizada y reducida a ser solo una cosa: un cuerpo sin alma. Esto posibilita al putero actuar inescrupulosamente, bloquea su empatía y la sustituye por la indiferencia.

Por medio de mecanismos de represión y trucos mentales, la sociedad y la política se alejan de su responsabilidad. Se niega la violencia, se oculta la realidad.

  1. ¿Qué mensaje le da esto a la Sociedad? 

Esto da a los hombres el mensaje de que ellos “necesitan” sexo y deben desfogarse regularmente para poder mantenerse estables y no llegar a ser abusadores. Según esta lógica, los hombres no pueden controlarse a sí mismos: este es el mensaje oculto que transmite el sistema prostituyente. Si este fuera el caso, tendríamos que cambiar de inmediato nuestra Constitución, junto con las leyes fundamentales porque bajo esta lógica los hombres y las mujeres no son iguales. La habilidad para regular las emociones y la tolerancia a la frustración son logros importantes de la civilización.

Está mal creer que la sexualidad de los hombres no se puede controlar. Los hombres tienen que aprender nuevas formas de lidiar con la frustación y esto aplica para diversas áreas. Esta es la razón por la que la introducción de la prohibición de comprar sexo es de especial importancia, especialmente porque (todavía) creemos en los hombres. Si no fuera así, ningún hombre debería poder salir de su oficina o fuera de casa solo. Sería una amenaza para la sociedad.

Cuando hablamos sobre prostitución es necesario también pensar sobre lo que la sociedad quiere, en vez de solamente hablar sobre mitigar daños. Necesitamos una nueva generación de hombres que no tengan que recurrir a la explotación sexual y a controlar a las mujeres para reafirmarse a sí mismos.

Pero en los niveles más altos de la política, todavía se sigue hablando de la “prostitución buena”, esa que solo necesita ser regulada. La prostitución es vista como un juego privado en el cual el estado no debe interferir. El problema de la prostitución debe, sin embargo, politizarse porque nos dice cosas sobre nuestra sociedad y tiene efectos sobre nosotros. La prostitución es como un reflector que saca a la luz los fallos de nuestra sociedad: nuestros roles de género y los patrones de comportamiento que estos enseñan, los roles y patrones de comportamiento que están profundamente permeados por el sexismo. Politizar la prostitución significa convertirla en nuestra causa para decir que no queremos vivir en una sociedad como esta. La forma en la que permitimos el abuso y la violencia contra las mujeres y los ocultamos dice mucho de nosotros/as: somos un poco como una sociedad que pierde su alma y se divide. Por un lado, somos humanos con aquellos a los que consideramos similares a nosotros/as, pero, por otro lado, permitimos que contra aquellos/as que son diferentes de nosotros/as se cometan las peores atrocidades.

No puede haber cohesión social bajo la premisa de “cada uno con lo suyo” o “este asunto no me concierne”. No, la cohesión social surge desde la empatía. Cuando escucho debates sobre la prostitución en Alemania, en nuestra sociedad y en nuestra política, frecuentemente me pregunto dónde quedó nuestra empatía. ¡Debatir durante 15 años si debe ser obligatorio el uso de preservativos o no en la prostitución es una tontería! Es obvio que nadie quiere ver a su hija como prostituta. ¿Por qué está bien para las hijas de otras/os? Pregúntenle a la ministra Manuela Schwesig si quisiera mandar a su hija a “trabajar” como prostituta. La sola pregunta resultaría escandalosa. Según esto, ¿es que hay mujeres que son buenas para eso y otras que no lo son? Y sinceramente, ¿qué tan ingenuo tienes que ser para pensar que de repente cientos de mujeres de 18 años procedentes de Rumanía o Bulgaria quieren venir a Alemania a prostituirse?.

¿Qué más está haciendo nuestra sociedad cuando ya no nos sentimos preocupados por la desgracia de los demás? En realidad, dice Jacques Derrida, estamos en guerra con nuestra empatía.

Alemania tiene un papel de liderazgo y también de responsabilidad en Europa. No puede ser que permitamos que nuestros hombres abusen sexualmente de las mujeres más vulnerables de Europa y que cuando estén completamente destruídas sencillamente vuelvan y se les deseche.

Hoy celebramos el primer domingo de adviento. No podemos dejar que nos convirtamos en una sociedad que hace la vista gorda. Tenemos que enfrentarnos a grandes desafíos en los cuales la globalización, la digitalización y los robots sexuales ponen a prueba nuestros valores. Elijan la abolición. La abolición es mucho más que prohibir la venta de sexo. Con la abolición sentamos una posición y protegemos nuestros valores. ¡La abolición significa amor!

Muchas gracias.

Dr. Ingeborg Kraus

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